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9. Febrero 2009 por admin.
YO soy Alfa y Omega, el principio y el fin, a aquél que este sediento, yo le daré en abundancia agua de la fuente de la vida.
El universo entero era infinito, yermo.
El se mueve y no se mueve, está lejos y aún cerca, está dentro de todo y fuera de todo.
El que no tiene nombre es el principio, y el principio del principio, que es infinito. Él no tiene base, ni interior ni exterior; es la sustancia primigenia que no tiene fin ni intelecto que la capte, ni la comprenda, ni la escrute ni la describa.
El incluye todo; es resplandeciente, incorpóreo, libre de defectos, sin órganos, puro y libre del mal, pensador, omnipresente, omniscente, autoexistente. Ha dispuesto todas las cosas conforme a la verdad por la totalidad del tiempo que ha de venir.
Él estaba sobre lo que había, con lo que había y bajo lo que había. La sustancia creadora, la luz esplendente que no conoce la penumbra, la luz que habita en el fulgor que no pueden captar las miradas.
Él es el principio de la creación, pues Él es el creador de lo creado, cuya gloria procede de Él y está en Él pues Él mismo es el creador.
El primer espíritu, el espíritu simple de la creación hizo un gesto imperceptible, y con dicho gesto surgieron de la nada, como los gusanos del queso, Yavé y Lucifer, hermanos de sangre, hermanos de poder.
La luz y la oscuridad, la vida y la muerte, la derecha y la izquierda, son hermanos entre sí. No es posible separar los unos de los otros. A causa de esto, ni es bueno lo bueno, ni es malo lo mamo, ni es vida la vida, ni es muerte la muerte. Así, cada individuo será disuelto hasta su propio origen desde el principio.
Dos seres en la nada, en el vacío de su propio Padre, buscaron encontrar algo con lo que sentirse vivos, algo con lo que poder ser el acto de su potencia, la realidad de su futuro.
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