Archivo para Septiembre 2009

El Evangelio de Judas I.1

            PRIMERO.            Oye mi plegaria, Señory

deja que mi clamor llegue a Ti.

De mí no ocultes Tu rostro

en mi día de sufrimiento,

inclina hacia mí Tu oído;

el día en que llame, presto responde,

pues mis días se consumen como el humo,

y mis huesos son quemados

como el fuego de un hogar. 

           Mi corazón destruido está,

y marchito cual hierba;

tal que olvido mi alimento consumir.

            Por la voz de mis gemidos

adhiérense los huesos a la piel. 

           Soy cual pelícano en la selva,

soy cual lechuza en el desierto.

            Observo, y soy cual una alondra,

sobre el techo de una mansión deshabitada.

            Mis días son cual sombra que declina;

y marchito estoy como la hierba.

Oh, mi Dios, no me lleves en medio de mis días.

            Los cielos son obras de Tus manos.

            Perecerán, mas Tú perdurarás.

            El primer paso dado

por el alma del malvado,

púsole en el infierno de los malos pensamientos.

           El segundo paso dado

por el alma del malvado,

púsole en el infierno de las malas palabras.

            El tercer paso dado

por el alma del malvado,

púsole en el infierno de las malas acciones.

            El cuarto paso dado

por el alma del malvado,

púsole en las tinieblas infinitas.

            Se que Tú lo puedes todo,

y que Tu propósito no será reprimido.

            Ahora te ven mis ojos,

por lo que me aborrezco,

y arrepiento en polvo y cenizas

por los malvados hijos de los hombres.

            Contra ellos mismos han pecado,

y su infierno de malos pensamientos,

palabras y obras,es infierno de su propia hechura.

            Mas mi angustia y mis lágrimas amargas

son por los antiguos padres,

que contra el Creador pecaron,y fueron desterrados

del Reino Sagrado de los Grandes Árboles.

            Por eso lloro, y oculto mi rostro con tristeza,

por la belleza del Jardín Perdido,

y la extinta dulzura del canto del Ave,

que cantaba en las ramas del Árbol de la Vida.

            Tened piedad de mí, Oh Dios,

y de mis pecados lávame.

            De los corazones el gozo ha cesado.

            En lamento convirtióse nuestra danza.

            De la cabeza cayóse la corona;

vergüenza sobre nos, que hemos pecado.

            Por esto el corazón es débil,

por esto se oscurecen nuestros ojos.

            Tú, Oh Padre Celestial,

perduras para siempre,

por las generaciones en tu trono.

            Donde no hay rectitud ni compasión;

ahí las bestias yacerán,

y sus casas estarán llenas

de dolientes criaturas.

            Lávame, Oh Señor, y seré más blanco que la nieve.  

          Haced que escuche alegría y contento;

oculta de Tu Rostro mis pecados,

y borra todas mis iniquidades.

            Crea en mí un corazón limpio, Oh Dios;

y en mi interior un recto espíritu renueva.

            No me arrojes lejos de tu presencia;

y no tomes tu Sagrado Espíritu de mí,

reatáurame al gozo de tu Infinito Huerto,

y defiéndeme ante Tus Ángeles Sagrados.

            Permíteme alejar las cosas malas

y las impurezas,del fuego, del agua,

la tierra, los árboles,

del hombre fiel y la mujer devota,

de las estrellas, la luna y el sol,

de la Infinita Luz,

y de las cosas buenas,

hechas por Ti, Oh Padre Celestial,

cuyo retoño es la Sagrada Ley[1].


[1] Evangelio de los Esenios, Lamentos.

Un hombre no llamado HILL

Algunos huyen de sus apellidos como de los muertos, aunque estos acaban siempre encontrándote.

No obstante, nuestro protagonista ha sido capaz de cambiar la línea y salir por la puerta grande aunque su padre sea un maestro. Niestro protagonista nos llena de satisfacción porque, teniendo que enfrentarse a la sombra del todopoderoso King, ha sabido ganarse su propio lugar y convertirse en un magnífico escritor.

Grácias por darnos esperanza.

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