En este instante la mentira domina al hombre, lo construye, lo moldea a su imagen y semejanza, transformando la obra de dios en falsedad. La gente ni siquiera es consciente de estar siendo manipulada por otras personas con muchos menos escrúpulos que los del hombre común. Se ha creado un poder sobre la tierra que eclipsa a los poderes terrenales, que oscurece, incluso, al propio Señor Celestial.
Tal vez en aquellos momentos deberíamos haber actuado de forma diferente. Al menos en esos instantes éramos muchos los que teníamos algo que decir, los que podíamos convertir la vida en verdad, pero tuvimos miedo, no supimos enfrentarnos a la realidad, por eso, ahora, muchos de los que querían ser felices en la verdad han muerto perseguidos, vilipendiados, expulsados de una realidad que era suya.
El hombre es esclavo de sus acciones y de sus palabras, pero también de sus silencios, y nosotros callamos cuando hubiéramos debido hablar, cuando nuestra obligación hubiera sido gritar ante tanta ignominia y tanto error. Sé que no es el momento de arrepentirse de los hechos pasados, sobre todo porque dichos hechos fueron protagonizados por un gran hombre, pero la perspectiva del tiempo nos permite comprender la complejidad de la situación que se vivió en aquellos días, y también lo erróneo de la decisión tomada.
Hoy ya no hay posibilidad de cambio, hemos perdido la fuerza que antes teníamos, aunque no lo llegamos a saber hasta que fue demasiado tarde, hasta que se impuso el dolor sobre el amor, hasta que el hombre decidió controlar a sus hermanos con la excusa de llevarlo a un mundo mejor.
Me han enseñado a no sentir rencor, pero lo siento, lo tengo tan metido en mis entrañas que a veces pienso que voy a explotar y a dejar toda la habitación teñida con la sangre de la ignominia. Mi maestro ya me advirtió sobre el problema de ser demasiado visceral, pero, en cambio, me eligió a mí entre otros muchos, todos mejor preparados, para dirigir este paraíso en el centro mismo del infierno.
Siempre sucede lo mismo, en momentos de necesidad no se puede colocar cuidando el rebaño al pastor más bondadoso, sino al pastor más enérgico, el que es capaz de controlar todos los problemas, y ese pastor, en esos momentos, era yo, y aún lo sigo siendo, al menos por el poco tiempo que me queda de vida.
Ellos, los que han creado esta situación, sienten que tienen la razón. Tal vez eso sea lo peor de todo, que se haya convencido a toda una sociedad de una mentira y que los que allí siguen son personas que creen plenamente lo que no es posible, lo que no existe, lo que no resulta aceptable.
Quizá es que estoy cansado de luchar, de seguir una lucha sin cuartel por obtener un poco más de tiempo, un poco más de espacio para mis hermanos y para mí. Ellos se están acercando, están dirigiendo sus miradas a los lugares donde antes no miraban, tan arriesgados y poderosos se han vuelto. Ellos son la sombra del dolor, el odio sin freno, sin posibilidad de control, pero son también los que detentan la fuerza, los que controlan a millones que sólo hacen su voluntad.
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