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26. Noviembre 2009 por admin.
Todo comenzó como comienza el fin de los tiempos, con la unión de unos hombres y la voracidad de algunos de esos hombres, pues ellos crearon lo que ahora el mundo considera la verdad, una verdad creada fuera de la realidad de los hombres, pero tan bien construida que convirtió lo incierto en cierto.
Ahora recuerdo el principio de uno de los textos elegidos, uno de los textos que comenzaron con el fin de los tiempos, y creo que es el momento de comenzar la historia.
Habiendo muchos tentados a poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido certísimas, como nos lo enseñaron los que desde el principio lo vieron de sus ojos y fueron ministros del negocio[1].
Así, él que tenga oídos para oír que oiga[2].
[1] Evangelio de Lucas, 1.1 y 2.
[2] Evangelio de Marcos, 4.9.
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20. Noviembre 2009 por admin.
Después de muchas luchas, después de mucho dolor, Herodes, hijo de un oficial de Idumea, hombre conocedor del poder que desplegaban los romanos, consiguió que el Senado de Roma le concediera el título de rey de los judíos, dándole poder sobre Judea, Samaria, Galilea e Idumea. Con el título real, aquel hombre lleno de codicia, regresó a comienzos del año 39 antes de la supuesta venida del que todos creen el salvador, al principio del año.
Duras combates se desarrollaron en aquellos lugares, pues otros optaban a aquel reino. Pasado un año, en la siguiente primavera, Herodes consiguió vencer la resistencia de la ciudad de Jerusalén, ayudado por Sosio[1]. Se avecinaba una matanza, debiendo Herodes pagar una enorme cantidad de dinero a sus propios soldados, soldados romanos, para evitar la destrucción total. Para el enemigo, nada, la muerte,
Con treinta y seis años Herodes había conseguido alcanzar su destino, era el rey de todos los judíos, y los romanos apoyaban su posición dándole una fuerza que oscurecía la ilegitimidad de sus deseos. Aquel era el ambiente ideal para que miles de hombres comenzaran a buscar la salvación fuera de los caminos normales, y fue el camino ideal para que hombres perdidos encontraran profetas ignorantes que, algunos de forma intencionada y otros de buena fe, condujeron a su pueblo a la destrucción.
El rey nombrado por los romanos no era la solución a ningún problema, más bien era el problema. El odio y el deseo de poder cundió en todos los lugares del reino. Llegó a tal punto en su rencor que, antes de morir, ordenó ajusticiar a su hijo Antípater[2], dictando un testamento en el que distribuía el reino a su antojo.
No obstante, el poder de Roma era inmenso, tanto como su codicia, por lo que fue Augusto el que determinó la sucesión del rey, dividiendo el reino y debilitando el precario poder de los que reinaban bajo su superior dirección, aumentando, de paso, el poder de la ciudad de Roma sobre aquellos lugares tan alejados.
En ese ambiente, en ese momento, cuando no había nadie al que dirigirse, cuando el destino impedía tener esperanza, en ese momento miles de profetas predicaron el Apocalipsis, pues no podía ser de otro modo, teniendo en cuenta el desarrollo del destino del llamado pueblo elegido. Uno de esos hombres, nacido en Nazaret, fue Jesús, hijo de José, del que decían que venía del linaje de David.
[1] El gobernador de Siria.
[2] Hijo tenido con su primera esposa.
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17. Noviembre 2009 por admin.
Se llegó, pues, a la imposición de una verdad ficticia, de una sinrazón en sí misma considerada, porque esa era la fórmula para alcanzar el poder, hacer creer a los demás que le nombre de Dios se había encarnado y se había vuelto hombre, como si, en algún momento, hubiera dejado de ser hombre, formando parte de todos nosotros.
Tal vez estoy perdiendo el hilo de lo que intento contar, quizá porque tengo miedo de reflejar la realidad, tengo miedo de no medir adecuadamente mis palabras y mostrar demasiado a personas no preparadas para ello, personas que podrían iniciar una nueva guerra, la última y verdadera guerra.
No es mi intención, nunca lo será, lo que intento es salvar nuestra verdadera fe, intento que la gente acabe comprendiendo lo que sucedió, lo que efectivamente aconteció en una época perdida del pensamiento humano, una época en el que un grupo de personas decidieron el destino de una especie al cambiar la verdad por una historia irreal que se convirtió en veraz por el ejercicio de la fuerza.
Tal vez sea el momento de hacer un poco de historia, una historia real para un mundo irreal. Para ello debo utilizar el calendario de aquellos que rompieron la fe, pero es el único calendario que ahora entienden mis hermanos.
Debo partir de la historia del Antiguo Testamento, cuyo último periodo correspondería con la dinastía asmonea, que perdió su poder con la caída de Jerusalén en manos del general romano Pompeyo[1].
A su llegada a Palestina Pompeyo[2], se encuentra con el enfrentamiento encarnizado entre los hijos de Salomé Alejandra por el control de la monarquía, así los hermanos Aristóbulo[3] y Hircano II[4] buscan cada uno su lugar en el centro del poder y determinan el fraccionamiento de un país fraccionado de por sí. El general romano, recibió a diversos grupos representando las diversas opciones, incluso llegó a recibir a una embajada de sacerdotes que solicitaban la abolición de la monarquía y la restauración del gobierno sacerdotal. Finalmente acabó tomando Jerusalén.
[1] Año
[2] En el año
[3] Apoyado por la clase sacerdotal de los saduceos.
[4] Respaldado por las tropas nabateas del rey Aretas III. El apoyo nabateo lo había conseguido Antípater, un gobernador idumeo al servicio de la dinastía asmonea.
Los nabateos era un pueblo que fundó su reino en el antiguo territorio de Edom y Moab, instalándose en Transjordania en el siglo III A. C. Y extendiendo, más tarde, sus dominios hasta Négueb.
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11. Noviembre 2009 por admin.
Su propio Dios, si ahora viniera, no sería aceptado como tal, sería quemado, destruido, con el beneplácito de todos aquellos que, a través de engaños y mentiras, lo han subido a un pedestal ficticio, a un pedestal del que ni siquiera el más poderoso puede ahora bajar a un simple profeta loco.
En estos momentos necesitaría tener a mi maestro a mi lado, necesitaría saber si estoy haciendo bien contando todo lo que me enseñaron, y no sólo la Verdad absoluta, como es nuestra obligación, pero la verdad del hombre debe ser conocida para que los que comprendan entiendan lo que ha sucedido.
Siempre recuerdo su plegaria:
“¡Oh Padre mío!
Tú gobiernas este vasto Universo.
Otórgame paciencia y energía
para avanzar en mi Camino hacia Ti.
Otórgame el don de la riqueza del conocimiento.
Que pueda yo vencer el deseo, la ira y el egoísmo.
Ilumina mi corazón”[1].
Tal vez éste sea el tiempo de la verdad, el momento de mostrar lo terrible, lo que el hombre, por el poder, por el deseo, por la riqueza, entregó a los pobres que eran incapaces de conocer, a los pobres que se dejaron engañar buscando una salida que, realmente, estaba dentro de ellos mismos.
Ellos, mis hermanos, apenas pueden comprender, ahora, hoy, lo que sucedió en los años anteriores. Ni siquiera son capaces de entender que el mundo no es la mentira que les han enseñado esos hombres que se atreven a cambiar la historia, que se atreven a variar los verdaderos escritos de los sabios.
Pocas veces unos hombres que se llaman de Dios han construido una mentira de tal envergadura. Nuestros hermanos, a los que nos creíamos unidos con vínculos más fuertes que el propio acero, se han creído en el derecho de destruir la fe y convertir el mundo en algo mucho más cercano al infierno que el infierno mismo.
Nadie, en los buenos tiempos, creía que el hombre pudiera ser capaz de destruir lo que había tardado tanto tiempo en arreglar, lo que había tardado tanto tiempo en volver limpio, pero la naturaleza humana es mucho más poderosa que la propia razón, y algunos hombres sienten la necesidad de acabar con aquello que no entienden, con aquello que les incomoda, o, simplemente, con aquello que supone un obstáculo a sus deseos de poder.
Creíamos en la verdad, pensábamos que la verdad nos haría libres, pero la verdad no es su verdad, la verdad es un obstáculo para el poder de los otros, de esos que han convertido al hombre en un instrumento del poder de unos pocos, esos pocos creadores del engaño y de la mentira.
Hermanos que hasta esos momentos habían sido tan cercanos como nuestra propia piel decidieron, por miedo o por verdadero convencimiento, romper toda relación, huir hacia delante, hacia ese lugar donde los sueños muestran su verdadera cara, dejando de lado el amor y la amistad, olvidando que todos éramos lo mismo, que todos somos lo mismo, y que todos tenemos derecho a pensar diferente.
[1] Plegaria del buscador de Dios.
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5. Noviembre 2009 por admin.
Fue un fracaso en toda regla de los que pensábamos que la verdad era más importante que cualquier otro planteamiento, fue el fracaso de aquellos que esperábamos regalar al hombre la esperanza con el corazón puro y el pensamiento limpio. Ellos fueron los que obtuvieron todos los réditos, ellos consiguieron que el pueblo tomara partido porque no podía hacer otra cosa.
En un momento, en un lugar, los hombres creyeron en la mentira. Después del supuesto retorno de Cristo al cielo los demonios de la falsedad y del poder crearon hombres que se dijeron dioses. Ellos determinaron el destino de los hombres, ellos decidieron lo que estaba bien y lo que estaba mal.
Poco espacio se dejó, de esta forma, para la esperanza, para la fe, para la verdad. Todo lo que no se circunscribía en la idea de origen de aquellos hombres era destruido sin remisión, sin contemplaciones. El que pretendía seguir adelante con sus creencias no podía hacer otra cosa que romper su convicción y unirse a los que crearon la mentira o acabar destruido por tanto odio y tanta violencia.
Incluso los hermanos denunciaban a los hermanos, esperando así, inútilmente, escapar de la realidad, convertir la vida en algo más digno. Pero la dignidad estaba lejos de todos los hombres, la dignidad debía pasar por la defensa de las creencias, por el reconocimiento de la bondad y la comprensión por encima de los rencores. El odio es un instrumento de fácil aprendizaje y de enorme utilidad, y los hombres, tristemente creados en el desprecio a sus semejantes, ven en la violencia el instrumento ideal para cumplir sus deseos más inconfesables.
Se transformó la vida, que tampoco merecía ser reconocida, en una cloaca aún más inmunda. Todo ello de la mano de unos hombres que sabían perfectamente lo que hacían en todo momento, pues esa había sido su misión desde el primer día, convertir al hombre tumultuoso en hombre destructor.
Tal vez fuera mejor así. Hasta que ellos llegaron miles, millones perdían su vida sin sentido, sin camino. Ahora todos están unidos en un destino común, en un pensamiento de salvación, aunque sea construido a través de una historia falsa. Al menos la fe de los ignorantes es suficientemente grande como para vencer la traición y, de esta forma, abren todos los días el reino de los cielos.
No quiero pensar en lo que sucedería si la verdad saliera ahora a la luz y, para variar, la gente acabara creyéndola. Entonces el mundo podría acabar en ese mismo instante. Tristemente no será nunca así. Ellos han colocado todo muy bien, han destruido, mentido y engañado para que el destino del hombre no se vea perturbado por ningún nuevo profeta que predique algo diferente a sus enseñanzas.
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