Capítulo I.
Regocijaos, pues, y sentid gozo, puesto que os ha sido otorgado que os hable desde el principio hasta el fin de
Pensé que estaba perdido, pero la Luz de mi Señor siempre estará a mi lado, como faro bondadoso que me lleva hacia aguas tranquilas.Saludo a Aquel completamente despierto, el más grande entre los elocuentes, que enseñó el origen condicionado, el auspicioso apaciguamiento de la elucubración[2].
Origen condicionado que está más allá de la aniquilación y del surgimiento, que no es ni continuidad ni discontinuidad, que no es una entidad única ni una entidad múltiple, que ni va ni viene[3].
El amor es más fuerte que la muerte, y Él es el amor Único.
Él es la luz que está sobre todos. Es el universo: el universo ha surgido de Él y ha llegado hasta Él. Partid un leño y allí estará Él; levantad una piedra y allí le encontraréis[4]. Él es sin manos y sin pies, de una potencia inconcebible; ve sin ojos, oye sin oídos, y conoce porque tiene discernimiento. El sujeto conocedor es Él mismo[5].
[1] Pitis Sophia.
[2] Este fragmento aparece posteriormente en Nagarjuna, versos introductorios.
[3] Este fragmento aparece posteriormente en Nagarjuna, versos introductorios.
[4] Evangelio según Tomás.
[5] Kaivalya Upanisads.
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