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4. Diciembre 2009 por admin.
En Él, por Él, todo existe, todo es. Sin su presencia nada tendríamos, sin su existencia no seríamos nada.
Él lleva en su cuerpo el poder del universo, porque Él es el cielo estrellado y la luz del sol naciente. Él es el clamor de las aguas del río y el rugir del mar abrazando a
Todos somos uno con Él, pues Él es nuestro Creador, Él es nuestro Creador y nosotros somos parte de él, porque Él lo es todo.
Si miras las manos del hombre, en ellas verás a tu Señor, porque Él está presente en cada uno de nosotros, porque Él es el Único, el Infalible, el que no cambia porque es todo cambio.
La Luz es su forma, no es diferente de ella. Cuando el mundo está iluminado es a causa del destello de su luz[1].
Nada es más poderoso que el poder mismo. Nada es tan cercano al hombre que su Creador.
Él es energía pura, pero es más, es Alma pura, es Espíritu. Todo lo que no cabe en Él no existe.
Él incluye todo; es resplandeciente, incorpóreo, libre de defectos, sin órganos, puro y libre del mal, pensador, omnipresente, omniscente, autoexistente. Ha dispuesto todas las cosas conforme a la verdad por la totalidad del tiempo que ha de venir[2].
El Padre está presente en cada uno de los seres vivos. Él mundo no es más que una de las partes de Su Todo.
[1] Ashtavakra Gita.
[2] Isa Upanisads.
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1. Diciembre 2009 por admin.
Capítulo I.
Regocijaos, pues, y sentid gozo, puesto que os ha sido otorgado que os hable desde el principio hasta el fin de
Pensé que estaba perdido, pero la Luz de mi Señor siempre estará a mi lado, como faro bondadoso que me lleva hacia aguas tranquilas.Saludo a Aquel completamente despierto, el más grande entre los elocuentes, que enseñó el origen condicionado, el auspicioso apaciguamiento de la elucubración[2].
Origen condicionado que está más allá de la aniquilación y del surgimiento, que no es ni continuidad ni discontinuidad, que no es una entidad única ni una entidad múltiple, que ni va ni viene[3].
El amor es más fuerte que la muerte, y Él es el amor Único.
Él es la luz que está sobre todos. Es el universo: el universo ha surgido de Él y ha llegado hasta Él. Partid un leño y allí estará Él; levantad una piedra y allí le encontraréis[4]. Él es sin manos y sin pies, de una potencia inconcebible; ve sin ojos, oye sin oídos, y conoce porque tiene discernimiento. El sujeto conocedor es Él mismo[5].
[1] Pitis Sophia.
[2] Este fragmento aparece posteriormente en Nagarjuna, versos introductorios.
[3] Este fragmento aparece posteriormente en Nagarjuna, versos introductorios.
[4] Evangelio según Tomás.
[5] Kaivalya Upanisads.
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26. Noviembre 2009 por admin.
Todo comenzó como comienza el fin de los tiempos, con la unión de unos hombres y la voracidad de algunos de esos hombres, pues ellos crearon lo que ahora el mundo considera la verdad, una verdad creada fuera de la realidad de los hombres, pero tan bien construida que convirtió lo incierto en cierto.
Ahora recuerdo el principio de uno de los textos elegidos, uno de los textos que comenzaron con el fin de los tiempos, y creo que es el momento de comenzar la historia.
Habiendo muchos tentados a poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido certísimas, como nos lo enseñaron los que desde el principio lo vieron de sus ojos y fueron ministros del negocio[1].
Así, él que tenga oídos para oír que oiga[2].
[1] Evangelio de Lucas, 1.1 y 2.
[2] Evangelio de Marcos, 4.9.
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20. Noviembre 2009 por admin.
Después de muchas luchas, después de mucho dolor, Herodes, hijo de un oficial de Idumea, hombre conocedor del poder que desplegaban los romanos, consiguió que el Senado de Roma le concediera el título de rey de los judíos, dándole poder sobre Judea, Samaria, Galilea e Idumea. Con el título real, aquel hombre lleno de codicia, regresó a comienzos del año 39 antes de la supuesta venida del que todos creen el salvador, al principio del año.
Duras combates se desarrollaron en aquellos lugares, pues otros optaban a aquel reino. Pasado un año, en la siguiente primavera, Herodes consiguió vencer la resistencia de la ciudad de Jerusalén, ayudado por Sosio[1]. Se avecinaba una matanza, debiendo Herodes pagar una enorme cantidad de dinero a sus propios soldados, soldados romanos, para evitar la destrucción total. Para el enemigo, nada, la muerte,
Con treinta y seis años Herodes había conseguido alcanzar su destino, era el rey de todos los judíos, y los romanos apoyaban su posición dándole una fuerza que oscurecía la ilegitimidad de sus deseos. Aquel era el ambiente ideal para que miles de hombres comenzaran a buscar la salvación fuera de los caminos normales, y fue el camino ideal para que hombres perdidos encontraran profetas ignorantes que, algunos de forma intencionada y otros de buena fe, condujeron a su pueblo a la destrucción.
El rey nombrado por los romanos no era la solución a ningún problema, más bien era el problema. El odio y el deseo de poder cundió en todos los lugares del reino. Llegó a tal punto en su rencor que, antes de morir, ordenó ajusticiar a su hijo Antípater[2], dictando un testamento en el que distribuía el reino a su antojo.
No obstante, el poder de Roma era inmenso, tanto como su codicia, por lo que fue Augusto el que determinó la sucesión del rey, dividiendo el reino y debilitando el precario poder de los que reinaban bajo su superior dirección, aumentando, de paso, el poder de la ciudad de Roma sobre aquellos lugares tan alejados.
En ese ambiente, en ese momento, cuando no había nadie al que dirigirse, cuando el destino impedía tener esperanza, en ese momento miles de profetas predicaron el Apocalipsis, pues no podía ser de otro modo, teniendo en cuenta el desarrollo del destino del llamado pueblo elegido. Uno de esos hombres, nacido en Nazaret, fue Jesús, hijo de José, del que decían que venía del linaje de David.
[1] El gobernador de Siria.
[2] Hijo tenido con su primera esposa.
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17. Noviembre 2009 por admin.
Se llegó, pues, a la imposición de una verdad ficticia, de una sinrazón en sí misma considerada, porque esa era la fórmula para alcanzar el poder, hacer creer a los demás que le nombre de Dios se había encarnado y se había vuelto hombre, como si, en algún momento, hubiera dejado de ser hombre, formando parte de todos nosotros.
Tal vez estoy perdiendo el hilo de lo que intento contar, quizá porque tengo miedo de reflejar la realidad, tengo miedo de no medir adecuadamente mis palabras y mostrar demasiado a personas no preparadas para ello, personas que podrían iniciar una nueva guerra, la última y verdadera guerra.
No es mi intención, nunca lo será, lo que intento es salvar nuestra verdadera fe, intento que la gente acabe comprendiendo lo que sucedió, lo que efectivamente aconteció en una época perdida del pensamiento humano, una época en el que un grupo de personas decidieron el destino de una especie al cambiar la verdad por una historia irreal que se convirtió en veraz por el ejercicio de la fuerza.
Tal vez sea el momento de hacer un poco de historia, una historia real para un mundo irreal. Para ello debo utilizar el calendario de aquellos que rompieron la fe, pero es el único calendario que ahora entienden mis hermanos.
Debo partir de la historia del Antiguo Testamento, cuyo último periodo correspondería con la dinastía asmonea, que perdió su poder con la caída de Jerusalén en manos del general romano Pompeyo[1].
A su llegada a Palestina Pompeyo[2], se encuentra con el enfrentamiento encarnizado entre los hijos de Salomé Alejandra por el control de la monarquía, así los hermanos Aristóbulo[3] y Hircano II[4] buscan cada uno su lugar en el centro del poder y determinan el fraccionamiento de un país fraccionado de por sí. El general romano, recibió a diversos grupos representando las diversas opciones, incluso llegó a recibir a una embajada de sacerdotes que solicitaban la abolición de la monarquía y la restauración del gobierno sacerdotal. Finalmente acabó tomando Jerusalén.
[1] Año
[2] En el año
[3] Apoyado por la clase sacerdotal de los saduceos.
[4] Respaldado por las tropas nabateas del rey Aretas III. El apoyo nabateo lo había conseguido Antípater, un gobernador idumeo al servicio de la dinastía asmonea.
Los nabateos era un pueblo que fundó su reino en el antiguo territorio de Edom y Moab, instalándose en Transjordania en el siglo III A. C. Y extendiendo, más tarde, sus dominios hasta Négueb.
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11. Noviembre 2009 por admin.
Su propio Dios, si ahora viniera, no sería aceptado como tal, sería quemado, destruido, con el beneplácito de todos aquellos que, a través de engaños y mentiras, lo han subido a un pedestal ficticio, a un pedestal del que ni siquiera el más poderoso puede ahora bajar a un simple profeta loco.
En estos momentos necesitaría tener a mi maestro a mi lado, necesitaría saber si estoy haciendo bien contando todo lo que me enseñaron, y no sólo la Verdad absoluta, como es nuestra obligación, pero la verdad del hombre debe ser conocida para que los que comprendan entiendan lo que ha sucedido.
Siempre recuerdo su plegaria:
“¡Oh Padre mío!
Tú gobiernas este vasto Universo.
Otórgame paciencia y energía
para avanzar en mi Camino hacia Ti.
Otórgame el don de la riqueza del conocimiento.
Que pueda yo vencer el deseo, la ira y el egoísmo.
Ilumina mi corazón”[1].
Tal vez éste sea el tiempo de la verdad, el momento de mostrar lo terrible, lo que el hombre, por el poder, por el deseo, por la riqueza, entregó a los pobres que eran incapaces de conocer, a los pobres que se dejaron engañar buscando una salida que, realmente, estaba dentro de ellos mismos.
Ellos, mis hermanos, apenas pueden comprender, ahora, hoy, lo que sucedió en los años anteriores. Ni siquiera son capaces de entender que el mundo no es la mentira que les han enseñado esos hombres que se atreven a cambiar la historia, que se atreven a variar los verdaderos escritos de los sabios.
Pocas veces unos hombres que se llaman de Dios han construido una mentira de tal envergadura. Nuestros hermanos, a los que nos creíamos unidos con vínculos más fuertes que el propio acero, se han creído en el derecho de destruir la fe y convertir el mundo en algo mucho más cercano al infierno que el infierno mismo.
Nadie, en los buenos tiempos, creía que el hombre pudiera ser capaz de destruir lo que había tardado tanto tiempo en arreglar, lo que había tardado tanto tiempo en volver limpio, pero la naturaleza humana es mucho más poderosa que la propia razón, y algunos hombres sienten la necesidad de acabar con aquello que no entienden, con aquello que les incomoda, o, simplemente, con aquello que supone un obstáculo a sus deseos de poder.
Creíamos en la verdad, pensábamos que la verdad nos haría libres, pero la verdad no es su verdad, la verdad es un obstáculo para el poder de los otros, de esos que han convertido al hombre en un instrumento del poder de unos pocos, esos pocos creadores del engaño y de la mentira.
Hermanos que hasta esos momentos habían sido tan cercanos como nuestra propia piel decidieron, por miedo o por verdadero convencimiento, romper toda relación, huir hacia delante, hacia ese lugar donde los sueños muestran su verdadera cara, dejando de lado el amor y la amistad, olvidando que todos éramos lo mismo, que todos somos lo mismo, y que todos tenemos derecho a pensar diferente.
[1] Plegaria del buscador de Dios.
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5. Noviembre 2009 por admin.
Fue un fracaso en toda regla de los que pensábamos que la verdad era más importante que cualquier otro planteamiento, fue el fracaso de aquellos que esperábamos regalar al hombre la esperanza con el corazón puro y el pensamiento limpio. Ellos fueron los que obtuvieron todos los réditos, ellos consiguieron que el pueblo tomara partido porque no podía hacer otra cosa.
En un momento, en un lugar, los hombres creyeron en la mentira. Después del supuesto retorno de Cristo al cielo los demonios de la falsedad y del poder crearon hombres que se dijeron dioses. Ellos determinaron el destino de los hombres, ellos decidieron lo que estaba bien y lo que estaba mal.
Poco espacio se dejó, de esta forma, para la esperanza, para la fe, para la verdad. Todo lo que no se circunscribía en la idea de origen de aquellos hombres era destruido sin remisión, sin contemplaciones. El que pretendía seguir adelante con sus creencias no podía hacer otra cosa que romper su convicción y unirse a los que crearon la mentira o acabar destruido por tanto odio y tanta violencia.
Incluso los hermanos denunciaban a los hermanos, esperando así, inútilmente, escapar de la realidad, convertir la vida en algo más digno. Pero la dignidad estaba lejos de todos los hombres, la dignidad debía pasar por la defensa de las creencias, por el reconocimiento de la bondad y la comprensión por encima de los rencores. El odio es un instrumento de fácil aprendizaje y de enorme utilidad, y los hombres, tristemente creados en el desprecio a sus semejantes, ven en la violencia el instrumento ideal para cumplir sus deseos más inconfesables.
Se transformó la vida, que tampoco merecía ser reconocida, en una cloaca aún más inmunda. Todo ello de la mano de unos hombres que sabían perfectamente lo que hacían en todo momento, pues esa había sido su misión desde el primer día, convertir al hombre tumultuoso en hombre destructor.
Tal vez fuera mejor así. Hasta que ellos llegaron miles, millones perdían su vida sin sentido, sin camino. Ahora todos están unidos en un destino común, en un pensamiento de salvación, aunque sea construido a través de una historia falsa. Al menos la fe de los ignorantes es suficientemente grande como para vencer la traición y, de esta forma, abren todos los días el reino de los cielos.
No quiero pensar en lo que sucedería si la verdad saliera ahora a la luz y, para variar, la gente acabara creyéndola. Entonces el mundo podría acabar en ese mismo instante. Tristemente no será nunca así. Ellos han colocado todo muy bien, han destruido, mentido y engañado para que el destino del hombre no se vea perturbado por ningún nuevo profeta que predique algo diferente a sus enseñanzas.
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29. Octubre 2009 por admin.
Un día mi maestro dijo:
- Déjame soñar con una luz que no dañe a los ojos, porque esa luz es nuestro Señor. Él no quiere que los hombres sean esclavos de otros hombres, por eso creo la Verdad, pero ese Simón y los suyos han creado la mentira sobre la propia base de lo que era bueno y justo. Ahora todo está perdido.
Al principio las cosas parecían poco importantes. En uno de los Evangelios de la Infancia, uno de esos que surgieron a raíz del Cónclave y consecuencia del mismo, que surgieron para alabar una mentira y agradar a los mentirosos, en uno de esos se llegó a mencionar al primer maestro como un simple poseso. Todavía recuerdo el relato:
“Vivía allí mismo otra mujer cuyo hijo era atormentado por Satanás. Su nombre era Judas. Cuantas veces la pobre criatura era embestida por el demonio, se ponía a morder a todos cuantos se le acercaban. Y si no encontraba nadie a su alcance, se mordía sus propias manos y miembros. Al llegar, pues, la fama de la Virgen María y de su hijo Jesús a la madre del desgraciado, se levantó ésta y llevó a Judas ante la presencia de Nuestra Señora.
Entre tanto, Santiago y José habían sacado al niño Jesús fuera de la casa para jugar con otros niños. Y, estando todos sentados, se acercó Judas el endemoniado, y se puso a la derecha de Jesús. Entonces fue atacado por Satanás, como de costumbre, y quiso morder a aquél; pero no pudo. Sin embargo, le hizo daño en el costado derecho y Jesús se puso a llorar. Mas de repente salió Satanás del endemoniado bajo la forma de un perro rabioso. Y este niño era Judas Iscariote, el que luego habría de entregarle a los judíos. Es de notar que el costado en que le lastimó Judas fue el mismo que traspasaron los judíos con su lanza”.
Al principio los hermanos sonreían, pues era curioso que la mentira se construyera sobre la mentira, y que la gente acabara creyendo todo lo que aquellos locos pretendían poner en el camino de una supuesta realidad que no existía, una realidad que nadie había podido ver de verdad.
Era tan tentador para el hombre, pensar que Dios se acercaba tanto a su creación que se transmutaba en humano y se convertía en uno de nosotros, en uno de los que pueblan esta tierra, luchando por las mismas cosas, sintiendo el mismo dolor, era tan bello para aquél que no tenía nada pensar que su Padre Celestial estaba tan cerca que había padecido el mismo dolor que él padecía que muchos creyeron la mentira por el simple hecho de su atractivo, sin plantear ninguna objeción.
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26. Octubre 2009 por admin.
Debo reconocer su capacidad y su instinto para controlar a los simples. Han sabido moverse con tanta inteligencia que han cambiado el curso mismo de la historia, y no solo la futura, también la pasada, pues han convertido lo que no era en verdad, y la verdad en una sucia mentira que lleva a la condenación eterna. Ellos son, de este modo, los verdaderos creadores de Dios.
Él se mueve y no se mueve, está lejos y aún así cerca, está dentro de todo y fuera de todo[1]. Ahora mi pensamiento está en mi Señor, pues Él es quien ilumina mi alma en estos momentos de oscuridad, en estos momentos en los que nuestros mejores aliados son perseguidos y asesinados.
Maestros que han cumplido con la misión de dar al mundo la Salvación están siendo relegados a la herejía, están siendo abandonados a las fuerzas del verdadero mal, el mal que habita en esos hombres que creíamos santos, que creíamos capaces de convertir el agua en vino.
Todo se ha vuelto peligroso, todo se ha vuelto demasiado terrible, demasiado oscuro. Ahora no hay nada que podamos hacer para salvar el pensamiento de la Verdad, la idea que movió a miles hacia un lugar común. Ahora los que controlan el pensamiento de los pobres e incultos que persiguen la felicidad han decidido lo que está bien y lo que está mal, por encima de la propia vida.
[1] Isa Upanisads.
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21. Octubre 2009 por admin.
En este instante la mentira domina al hombre, lo construye, lo moldea a su imagen y semejanza, transformando la obra de dios en falsedad. La gente ni siquiera es consciente de estar siendo manipulada por otras personas con muchos menos escrúpulos que los del hombre común. Se ha creado un poder sobre la tierra que eclipsa a los poderes terrenales, que oscurece, incluso, al propio Señor Celestial.
Tal vez en aquellos momentos deberíamos haber actuado de forma diferente. Al menos en esos instantes éramos muchos los que teníamos algo que decir, los que podíamos convertir la vida en verdad, pero tuvimos miedo, no supimos enfrentarnos a la realidad, por eso, ahora, muchos de los que querían ser felices en la verdad han muerto perseguidos, vilipendiados, expulsados de una realidad que era suya.
El hombre es esclavo de sus acciones y de sus palabras, pero también de sus silencios, y nosotros callamos cuando hubiéramos debido hablar, cuando nuestra obligación hubiera sido gritar ante tanta ignominia y tanto error. Sé que no es el momento de arrepentirse de los hechos pasados, sobre todo porque dichos hechos fueron protagonizados por un gran hombre, pero la perspectiva del tiempo nos permite comprender la complejidad de la situación que se vivió en aquellos días, y también lo erróneo de la decisión tomada.
Hoy ya no hay posibilidad de cambio, hemos perdido la fuerza que antes teníamos, aunque no lo llegamos a saber hasta que fue demasiado tarde, hasta que se impuso el dolor sobre el amor, hasta que el hombre decidió controlar a sus hermanos con la excusa de llevarlo a un mundo mejor.
Me han enseñado a no sentir rencor, pero lo siento, lo tengo tan metido en mis entrañas que a veces pienso que voy a explotar y a dejar toda la habitación teñida con la sangre de la ignominia. Mi maestro ya me advirtió sobre el problema de ser demasiado visceral, pero, en cambio, me eligió a mí entre otros muchos, todos mejor preparados, para dirigir este paraíso en el centro mismo del infierno.
Siempre sucede lo mismo, en momentos de necesidad no se puede colocar cuidando el rebaño al pastor más bondadoso, sino al pastor más enérgico, el que es capaz de controlar todos los problemas, y ese pastor, en esos momentos, era yo, y aún lo sigo siendo, al menos por el poco tiempo que me queda de vida.
Ellos, los que han creado esta situación, sienten que tienen la razón. Tal vez eso sea lo peor de todo, que se haya convencido a toda una sociedad de una mentira y que los que allí siguen son personas que creen plenamente lo que no es posible, lo que no existe, lo que no resulta aceptable.
Quizá es que estoy cansado de luchar, de seguir una lucha sin cuartel por obtener un poco más de tiempo, un poco más de espacio para mis hermanos y para mí. Ellos se están acercando, están dirigiendo sus miradas a los lugares donde antes no miraban, tan arriesgados y poderosos se han vuelto. Ellos son la sombra del dolor, el odio sin freno, sin posibilidad de control, pero son también los que detentan la fuerza, los que controlan a millones que sólo hacen su voluntad.
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