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El Evangelio de Judas I.8.

Fue un fracaso en toda regla de los que pensábamos que la verdad era más importante que cualquier otro planteamiento, fue el fracaso de aquellos que esperábamos regalar al hombre la esperanza con el corazón puro y el pensamiento limpio. Ellos fueron los que obtuvieron todos los réditos, ellos consiguieron que el pueblo tomara partido porque no podía hacer otra cosa.

            En un momento, en un lugar, los hombres creyeron en la mentira. Después del supuesto retorno de Cristo al cielo los demonios de la falsedad y del poder crearon hombres que se dijeron dioses. Ellos determinaron el destino de los hombres, ellos decidieron lo que estaba bien y lo que estaba mal.

            Poco espacio se dejó, de esta forma, para la esperanza, para la fe, para la verdad. Todo lo que no se circunscribía en la idea de origen de aquellos hombres era destruido sin remisión, sin contemplaciones. El que pretendía seguir adelante con sus creencias no podía hacer otra cosa que romper su convicción y unirse a los que crearon la mentira o acabar destruido por tanto odio y tanta violencia.

            Incluso los hermanos denunciaban a los hermanos, esperando así, inútilmente, escapar de la realidad, convertir la vida en algo más digno. Pero la dignidad estaba lejos de todos los hombres, la dignidad debía pasar por la defensa de las creencias, por el reconocimiento de la bondad y la comprensión por encima de los rencores. El odio es un instrumento de fácil aprendizaje y de enorme utilidad, y los hombres, tristemente creados en el desprecio a sus semejantes, ven en la violencia el instrumento ideal para cumplir sus deseos más inconfesables.

            Se transformó la vida, que tampoco merecía ser reconocida, en una cloaca aún más inmunda. Todo ello de la mano de unos hombres que sabían perfectamente lo que hacían en todo momento, pues esa había sido su misión desde el primer día, convertir al hombre tumultuoso en hombre destructor.

            Tal vez fuera mejor así. Hasta que ellos llegaron miles, millones perdían su vida sin sentido, sin camino. Ahora todos están unidos en un destino común, en un pensamiento de salvación, aunque sea construido a través de una historia falsa. Al menos la fe de los ignorantes es suficientemente grande como para vencer la traición y, de esta forma, abren todos los días el reino de los cielos. 

           No quiero pensar en lo que sucedería si la verdad saliera ahora a la luz y, para variar, la gente acabara creyéndola. Entonces el mundo podría acabar en ese mismo instante. Tristemente no será nunca así. Ellos han colocado todo muy bien, han destruido, mentido y engañado para que el destino del hombre no se vea perturbado por ningún nuevo profeta que predique algo diferente a sus enseñanzas.

El evangelio de Judas I.2.

            Mi nombre es Judas, como mi antecesor, como todos los antecesores de mi antecesor, como el primer maestro de nuestro camino[1]. Mi antiguo nombre, con el que me conocían mis padres, con el que identificaban los que están fuera de la verdad, ese nombre desapareció del mundo hace mucho tiempo, tanto que ni siquiera yo mismo logro acordarme.

 

            Tal vez resulte extremadamente pretencioso, pero siempre he pensado que era un error eliminar el nombre de la vida anterior para asumir una nueva personalidad. Siempre me explicaron que era necesario, que era una forma de entrar en comunión con los hermanos, pero aquellas ideas me parecían de poco peso ante el hecho de la pérdida de la individualidad que sufría el discípulo que asumía las funciones de maestro.

 

            Los hermanos que formábamos la congregación éramos hombres de bien, como la mayoría de los que moraban en aquella isla. Éramos, y los seguimos siendo. Nosotros, junto con los hombres y las mujeres que habían optado por la vida fuera del recogimiento que nosotros llevábamos, pero dentro de las enseñanzas que durante tanto tiempo se habían impartido en su escuela, todos juntos éramos, y lo seguimos siendo, un perfecto animal que sobrevivía de forma incomprensible en el proceloso piélago de la mentira ajena.

 

            Se trabajaba para vivir, se recogía lo que nuestro Señor quería entregarnos, inmensos regalos de bondad con forma de alimentos, y se vivía para orar, para contemplar la naturaleza, de la que todos éramos parte, con la esperanza de poder ver el camino de la Luz, pues en esa naturaleza se escondía el trayecto del hombre hacia la inmortalidad.

 

            Muy pronto dejé yo a mi familia, campesinos que dormían con tranquilidad las noches y vivían el mundo a cada instante, pues mis facultades fueron reconocidas por todos mis maestros, incluido el maestro Judas, uno de los que vinieron antes que yo a este lugar a impartir las enseñanzas que ahora me corresponde impartir a mí.

 

            Ellos, gente buena y simple, aceptaron mi destino con naturalidad, con tanta naturalidad como aceptaban una lluvia en otoñó o el sol en primavera. Me gustaba su forma de pensar, su forma de ser, porque suponía un centro de estabilidad en un mundo en crisis, una crisis de fe y de poder, una crisis que nos estaba conduciendo a unas guerras de destrucción absoluta del enemigo, un enemigo que no era sino el propio hermano, ese vecino que creía en cosas diferentes.

 

Abandoné la vida que mis padres habían decidido darme porque quería otra cosa, necesitaba otra cosa. El ansia por entender, el ansia por saber dominaban mi vida, todo lo que me rodeaba me resultaba de enorme interés. Yo quería llegar a conocer la naturaleza misma de las cosas, pero la naturaleza es algo tan simple que no puede verse a través de los ojos de los simples mortales.

 Yo, joven y apuesto, me sentía atraído por la carne igual que por la sabiduría, algo difícilmente conjugable para mis maestros y para mí mismo, pues era plenamente consciente de lo pobre que sería mi aportación a la comunidad si aceptaba mis deseos presentes y no mis anhelos por el conocimiento.


[1] Solía ser corriente identificar al maestro supremo de una escuela con el nombre de su principal valedor, por eso existen tantos Budas a lo largo de la historia.

 

El Evangelio de Judas I.1

            PRIMERO.            Oye mi plegaria, Señory

deja que mi clamor llegue a Ti.

De mí no ocultes Tu rostro

en mi día de sufrimiento,

inclina hacia mí Tu oído;

el día en que llame, presto responde,

pues mis días se consumen como el humo,

y mis huesos son quemados

como el fuego de un hogar. 

           Mi corazón destruido está,

y marchito cual hierba;

tal que olvido mi alimento consumir.

            Por la voz de mis gemidos

adhiérense los huesos a la piel. 

           Soy cual pelícano en la selva,

soy cual lechuza en el desierto.

            Observo, y soy cual una alondra,

sobre el techo de una mansión deshabitada.

            Mis días son cual sombra que declina;

y marchito estoy como la hierba.

Oh, mi Dios, no me lleves en medio de mis días.

            Los cielos son obras de Tus manos.

            Perecerán, mas Tú perdurarás.

            El primer paso dado

por el alma del malvado,

púsole en el infierno de los malos pensamientos.

           El segundo paso dado

por el alma del malvado,

púsole en el infierno de las malas palabras.

            El tercer paso dado

por el alma del malvado,

púsole en el infierno de las malas acciones.

            El cuarto paso dado

por el alma del malvado,

púsole en las tinieblas infinitas.

            Se que Tú lo puedes todo,

y que Tu propósito no será reprimido.

            Ahora te ven mis ojos,

por lo que me aborrezco,

y arrepiento en polvo y cenizas

por los malvados hijos de los hombres.

            Contra ellos mismos han pecado,

y su infierno de malos pensamientos,

palabras y obras,es infierno de su propia hechura.

            Mas mi angustia y mis lágrimas amargas

son por los antiguos padres,

que contra el Creador pecaron,y fueron desterrados

del Reino Sagrado de los Grandes Árboles.

            Por eso lloro, y oculto mi rostro con tristeza,

por la belleza del Jardín Perdido,

y la extinta dulzura del canto del Ave,

que cantaba en las ramas del Árbol de la Vida.

            Tened piedad de mí, Oh Dios,

y de mis pecados lávame.

            De los corazones el gozo ha cesado.

            En lamento convirtióse nuestra danza.

            De la cabeza cayóse la corona;

vergüenza sobre nos, que hemos pecado.

            Por esto el corazón es débil,

por esto se oscurecen nuestros ojos.

            Tú, Oh Padre Celestial,

perduras para siempre,

por las generaciones en tu trono.

            Donde no hay rectitud ni compasión;

ahí las bestias yacerán,

y sus casas estarán llenas

de dolientes criaturas.

            Lávame, Oh Señor, y seré más blanco que la nieve.  

          Haced que escuche alegría y contento;

oculta de Tu Rostro mis pecados,

y borra todas mis iniquidades.

            Crea en mí un corazón limpio, Oh Dios;

y en mi interior un recto espíritu renueva.

            No me arrojes lejos de tu presencia;

y no tomes tu Sagrado Espíritu de mí,

reatáurame al gozo de tu Infinito Huerto,

y defiéndeme ante Tus Ángeles Sagrados.

            Permíteme alejar las cosas malas

y las impurezas,del fuego, del agua,

la tierra, los árboles,

del hombre fiel y la mujer devota,

de las estrellas, la luna y el sol,

de la Infinita Luz,

y de las cosas buenas,

hechas por Ti, Oh Padre Celestial,

cuyo retoño es la Sagrada Ley[1].


[1] Evangelio de los Esenios, Lamentos.

Un hombre no llamado HILL

Algunos huyen de sus apellidos como de los muertos, aunque estos acaban siempre encontrándote.

No obstante, nuestro protagonista ha sido capaz de cambiar la línea y salir por la puerta grande aunque su padre sea un maestro. Niestro protagonista nos llena de satisfacción porque, teniendo que enfrentarse a la sombra del todopoderoso King, ha sabido ganarse su propio lugar y convertirse en un magnífico escritor.

Grácias por darnos esperanza.

Paraísos perdidos. Laberinto.

YO soy Alfa y Omega, el principio y el fin, a aquél que este sediento, yo le daré en abundancia agua de la fuente de la vida.

 

            El universo entero era infinito, yermo.

 

            El se mueve y no se mueve, está lejos y aún cerca, está dentro de todo y fuera de todo.

 

            El que no tiene nombre es el principio, y el principio del principio, que es infinito. Él no tiene base, ni interior ni exterior; es la sustancia primigenia que no tiene fin ni intelecto que la capte, ni la comprenda, ni la escrute ni la describa.

 

El incluye todo; es resplandeciente, incorpóreo, libre de defectos, sin órganos, puro y libre del mal, pensador, omnipresente, omniscente, autoexistente. Ha dispuesto todas las cosas conforme a la verdad por la totalidad del tiempo que ha de venir.

 

            Él estaba sobre lo que había, con lo que había y bajo lo que había. La sustancia creadora, la luz esplendente que no conoce la penumbra, la luz que habita en el fulgor que no pueden captar las miradas.

             Él es el principio de la creación, pues Él es el creador de lo creado, cuya gloria procede de Él y está en Él pues Él mismo es el creador.

El primer espíritu, el espíritu simple de la creación hizo un gesto imperceptible, y con dicho gesto surgieron de la nada, como los gusanos del queso, Yavé y Lucifer, hermanos de sangre, hermanos de poder.

 

La luz y la oscuridad, la vida y la muerte, la derecha y la izquierda, son hermanos entre sí. No es posible separar los unos de los otros. A causa de esto, ni es bueno lo bueno, ni es malo lo mamo, ni es vida la vida, ni es muerte la muerte. Así, cada individuo será disuelto hasta su propio origen desde el principio.

             Dos seres en la nada, en el vacío de su propio Padre, buscaron encontrar algo con lo que sentirse vivos, algo con lo que poder ser el acto de su potencia, la realidad de su futuro.

Ya tenemos editorial

Se llama Amintor Edición, y tiene tres facetas de interés. Pronto saldrá la página Web, pero recomiendo que todos los autores que quieran publicar sus obras en dicha editorial envíen las mismas al correo electrónico consultas@pedrorodriguezderechoynovela.es.

Nuevos conceptos en una nueva sociedad.

Resulta curioso que a estas alturas me convierta en un empresario, un editor de revistas y libros, y un investigador de la verdad desde la razón.
Hoy estamos de felicitaciones, porque pronto surgirá el proyecto de una nueva forma de entender la magia y los conceptos antiguos.
Seguiré informando, pero el camino del Necronomicón es una vía que te lleva muy facilmente.

Ya está en el horno mi ensayo; Confrontación. La nueva moral del siglo XXI.

Disculpas.

Siento el parón, necesario sanitariamente, de la página durante un tiempo. El cuerpo del hombre siemrpe es un poco menos fuerte de lo que parece o de lo que debería, y me han acabado operando.

Disculpas.

Siento el parón, necesario sanitariamente, de la página durante un tiempo. El cuerpo del hombre siemrpe es un poco menos fuerte de lo que parece o de lo que debería, y me han acabado operando.